sábado, 4 de octubre de 2014

El partido de fútbol


Iban tres a cero. El descampado parecía el mejor sitio para jugar. Para ser un siete a siete era muy cómodo el lugar. La tierra se levantaba en las pisadas de los chicos que corrían de un lado a otro en busca del balón. Todo eran gritos risas y piques.
Llevaban hora y media jugando. El equipo de Carlos iba ganando. Habían hecho las porterías con dos botellas de Coca-Cola que había proporcionado Fede, el chico de gafas que nunca era portero por tener gafas.
Carlos era delantero y lo conocían por Mini-Messi, ya que metía los mejores goles. El equipo en el que él estuviera, ganaba, y el golazo que acababa de meter había dejado a todos con la boca abierta.
Le habían ofrecido en cientos de ocasiones unirse al equipo federado de la ciudad, pero siempre se había negado, él quería seguir jugando de vez en cuando al fútbol en la calle con los amigos, no quería dedicarse a aquello. Él quería ser periodista, como su madre. Algunos profesores le recomendaban que fuese médico, pues era el primero de su promoción en todas las evaluaciones. Nadie había conseguido igualarle, cuanto más, superarle, pero él seguía con su empeño del periodismo.
El balón salió fuera. Pedro Santana sacó pasándosela a Tere, ella se la pasó a Darío, y Darío a Isma. Entonces, el chico comenzó a correr por la banda, y cuando llegó al lado de la portería, se la pasó a Carlos, que remató con la punta. El balón se acercó al portero, y éste se tiró para intentar pararla. Pero la pelota rozó sus dedos y entró en la portería.
Como ésta era improvisada, la pelota no se detuvo hasta caer entre unos matorrales más allá, a unos veinte metros.
El equipo celebró el gol de Carlos, todos estaban muy contentos.
  • Oye Mini-Messi, - dijo Pablo, un chico del otro equipo, con mal humor – “la ley de la botella, el que la saca va a por ella”. - era un dicho muy antiguo, todos sabían lo que significaba: que Carlos tenía que ir a por el balón. Llegó al lugar. Empezó a buscar entre los matorrales cuando el colgante que le había regalado Alba la noche anterior dio un destello.

El chico se estremeció de alegría. Cerró los ojos y escuchó su voz en su cabeza, “Carlos...Carlos...” Sabía, por alguna razón, que no le llamaba para verse, sino que simplemente quería que él le diera apoyo, lo hizo. “Estoy contigo Alba, estoy aquí...”. Sintió que el corazón de su amiga se tranquilizaba y vio su sonrisa en su mente. Pensó en sus ojos, y seguidamente en lo que le había dicho aquella noche. “Yo también pienso en ti, en tus ojos, en tu olor...” “...tú eres para mí Carlos, el chico con los ojos de cielo, que me encandila con su mirada”.
Quiso decirle lo que sentía, pero se arrepintió, no quería agobiarla, pero algo debía de sentir ella para decirle aquello... “Ella sí que es el cielo...” pensó. Entonces se dio cuenta de que Tere le gritaba desde el campo:
  • ¡Carlos, vamos, que no tenemos todo el día! - el chico reaccionó. Cogió la pelota y echó a correr de vuelta al campo.

Al llegar, le echó el balón a Pablo, éste se le quedó mirando. Carlos hizo caso omiso al chico y se dirigió al capitán del equipo contrario, Nacho.
  • ¿Cuanto vamos? - preguntó.
  • Cuatro a cero. - respondió un poco enfurruñado.
  • El que marque gana. - dijo Carlos seriamente.
  • Amén – replicó el chico.

Todos se dispusieron en sus posiciones. Nacho sacó de centro del campo. Se la pasó a Javi, y Javi a Hugo. Hugo chutó pero le salió mal la jugada y fue Tere la que recibió el balón. La chica, que era la única chica que jugaba, y además era una defensa excelente, la pasó a Quique, que estaba de delantero, éste se la pasó a Darío, que avanzó un poco y se la pasó a Dani, que centró, y luego, Carlos, que estaba esperando esa jugada, chutó y...
  • ¡Gol! - gritaron todos los del equipo de Carlos. Los contrarios, fastidiados, asumieron la paliza que les habían dado. Pero realmente sabían que no iban a ganar, no con Carlos en el equipo contrario.



    By: Lucía López. Autora del blog. 

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